La Feria

«Este año no iré a la Feria del Libro de Lisboa. Que no es como la de Frankfurt, o la de Guadalajara, en México, ni siquiera como la de Madrid, pero es la nuestra y está en un lugar bonito, donde antes había una colina y ahora menos, porque la furia urbanística ha reducido los relieves, pero aun así se ve el río al fondo, y hay una bella imagen de la ciudad pombalina, la que iba a ser moderna y racional y lo fue, basta pasear por ella para ver que la razón estuvo presente cuando se diseñó, aunque luego vinieran otros que prefirieron el obscurantismo a las luces y casi se la cargan.

Me dicen que hace buen tiempo y que la Feira este año está más animada, como si por ese mundo no se labraran cosas terribles, crisis, pobreza, depresión. Dicen que en épocas de crisis se lee más, y parece que los contables confirman esta afirmación. A mí me gusta pensar que en épocas de crisis la gente quiere saber porqué llegamos a esto y se acercan a los libros como si éstos fuesen fuentes de agua fresca y los lectores personas sedientas.

Me gusta la Feria del Libro. Me gusta estar horas sentado firmando ejemplares de amigos que llegan con un recado, por lo general discreto. Me gusta levantar los ojos y ver a las personas circulando entre las casetas, tal vez buscan al ser humano que los libros llevan dentro. Me gusta el calor de la primera parte de la tarde y de la frescura que vendrá después, siento que cierto lirismo me recorre el cuerpo, a mí que no soy lírico, sino sentimental. Y pienso que los libros son buenos para la salud, y también para el espíritu, y que nos permiten ser poetas o ser cuentistas, y entender de estrellas o encontrarlas en el interior de la voluntad de ciertos personajes, ésos que a veces, algunas tardes, se escapan de las páginas y se pasean entre los humanos, tal vez más humanos ellos.
Siento mucho no poder estar este año en Lisboa, en la Feria del Libro.»
**José Saramago

Ha de ser un privilegio, José, pasear entre las casetas de los libros en Lisboa. Y ha de ser un regalo sentir la primavera en Alfama o en Belém. Conozco la Lisboa de azules suaves del invierno, y también la de ocres y amarillos de otoño. Pero nunca estuve en primavera en Lisboa. Nunca estuve en la Feira. Por eso, al leer tus palabras, he imaginado el frescor de la tarde entre las casetas, y me he figurado, como tú dices, a los seres humanos que encierran los libros. Pero me faltan los olores y las músicas de la Feira de Lisboa. Y las flores de la primavera portuguesa.
Iré a Lisboa en primavera.

Lectora

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