{"id":58,"date":"2009-05-09T10:39:05","date_gmt":"2009-05-09T08:39:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=58"},"modified":"2009-08-30T10:51:08","modified_gmt":"2009-08-30T08:51:08","slug":"en-una-manana-de-un-libro-que-aun-no-he-leido","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=58","title":{"rendered":"En una ma\u00f1ana de un libro que a\u00fan no he le\u00eddo"},"content":{"rendered":"<blockquote><p><strong>Puerta Real. Una d\u00eda cualquiera de la Feria del Libro. Primavera de 2009.<br \/>\n<\/strong><br \/>\n\u2014\u00bb\u00bfQu\u00e9?\u00bfC\u00f3mo andamos hoy?\u00bfY esas piernas?\u00bb<br \/>\nSe acerca a m\u00ed desde el fondo del local al tiempo que se arremanga y saca la libretilla gastada y el bol\u00edgrafo del mandil, e intercambiamos una mirada c\u00f3mplice.<\/p>\n<p>\u2014 \u00abLo mismo de siempre\u00bb, le digo manteniendo la sonrisa.<\/p>\n<p>En la mesa de al lado se sienta Manolo, como cada d\u00eda, desde hace ya no s\u00e9 cuantos a\u00f1os. O tal vez son semanas, que <strong>la edad se ha instalado en su cuerpo<\/strong> y ya no se la sacude ni con el bast\u00f3n. Le gusta abrir el peri\u00f3dico con la paciencia infinita del que <strong>no tiene prisas por la vida<\/strong>, que ya la vida le ha dado de sobra y ahora es \u00e9l quien le da las gracias por los d\u00edas extra. Lee en voz baja, para s\u00ed mismo, y masculla entre dientes esos \u00abdeslices\u00bb que ya no es capaz de tolerar, a su edad. Con gesto pausado, se lleva el pulgar a la boca y se lo empapa para adherirse las hojas grises del Ideal.<!--more--><\/p>\n<p>En mi mesa, la manchada arde y deja un cerco en el plato. Ahora que me fijo unas gotas han mojado la p\u00e1gina 101: \u00abEstaba solo pero no me sent\u00eda aislado de los otros, separado de ellos por una barrera tan invisible y tajante como el cristal de los escaparates de las papeler\u00edas&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s de la mitad del sobre de az\u00facar, la cucharilla y remuevo.<\/p>\n<p>Casi las doce. Ah\u00ed fuera, en Puerta Real, pasan bolsas repletas directas del mercado colgadas de se\u00f1oras, de paseos sin prisas, de charlas de vecinas y callejeo de barrio;  el entrar y salir de Correos, el sem\u00e1foro en rojo y las sombras de los soportales de \u00c1ngel Ganivet.<\/p>\n<p>\u2014\u00bbCaf\u00e9 con leche\u00bb.<br \/>\n\u2014\u00bbTostadas con tomate\u00bb<br \/>\n\u2014\u00bbAhora se lo llevo yo a la mesa\u00bb.<\/p>\n<p>Manolo levanta la vista. \u2014\u00bbEsos no parecen de aqu\u00ed\u00bb, dicen sus ojos cansados detr\u00e1s de las gafas progresivas. Estudia minucioso los movimientos de los reci\u00e9n llegados y aprueba las formas con un ligero cabeceo. La da otra vuelta al caf\u00e9, pasa otra p\u00e1gina m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;me hab\u00edan contado cuentos y cantado canciones, le\u00eddo libros infantiles y tebeos con la voz dubitativa de quien no aprendi\u00f3 bien a leer\u00bb, me quedo en la misma p\u00e1gina y me repito&#8230;\u00bbcon la voz dubitativa de quien no aprendi\u00f3 bien a leer\u00bb. Miro los labios de mi compa\u00f1ero de mesa, repasando en voz baja las l\u00edneas de la quiniela, mascullando resultados, comprobando en el trozo de papel arrugado que ha desplegado sobre la mesa, marcando con el dedo en la p\u00e1gina para no perderse.<\/p>\n<p>Ya <strong>suenan las campanas<\/strong> y en un gesto mec\u00e1nico compruebo que mi reloj va en hora. La cafeter\u00eda se va llenando al tiempo en que <strong>el sol se cuela por los rincones<\/strong> y echa a la gente a la terraza.<\/p>\n<p>Y a esta hora, como todos los d\u00edas, despliega la hoja de las esquelas, repasando los nombres de vecinos que ya no est\u00e1n: \u00abPepe el de la Chana, el pobre, estaba muy malo\u00bb. Teresa, tampoco. El resto ya no los conoce: nombres impronunciables que se suman en un \u00abque dios los tenga en su gloria\u00bb y una mirada perdida.<\/p>\n<p>Cierra el peri\u00f3dico y, en la \u00faltima p\u00e1gina, recorta el cup\u00f3n de los dos puntos para esa colecci\u00f3n de libritos que le anda juntando al nieto. -\u00abMa\u00f1ana tengo que acordarme de llevarlo al kiosko\u00bb suelta al tiempo que esparce unas monedas sobre la mesa. \u00abDe aqu\u00ed se cobra el caf\u00e9 y el resto se lo guarda\u00bb. Se toma el \u00faltimo sorbo, haciendo el mismo y r\u00edtmico ruido. Coge su bast\u00f3n y le sonr\u00ede a \u00abla Angustias\u00bb. Se levanta y escudri\u00f1a este d\u00eda de sol.<\/p>\n<p>Puerta Real es un hervidero de gente pasando que me distrae del Viento de la Luna para llevarme detr\u00e1s de sus lentos pasos en su hora de paseo por la Acera del Darro.<\/p>\n<p>Cierro el libro por esa p\u00e1gina 101 \u00ab&#8230; y separa con dificultad las palabras\u00bb. Dejo el dinero justo y, como siempre, algo para el ni\u00f1o. Veo a Manolo saludar a los mismos hombres grises que esperan replegados en los bancos, junto a la fuente. Se hace un hueco con el bast\u00f3n y se sienta torpemente.<\/p>\n<p>En estos d\u00edas que son diferentes, <strong>de luz, de olor a libro y puestos de calle<\/strong>, el bullicio les deja absortos en la gente que va y viene de los \u00abnuevos\u00bb a los \u00abviejos\u00bb; y apaga el trasiego, por una semana, las conversaciones cotidianas de achaques, nietos, nueras y muertos.<br \/>\n<em>**Mar\u00eda G\u00f3mez Bravo<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Parece, Mar\u00eda, que el paso del tiempo \u2014la ma\u00f1ana, la tarde, la  noche; los d\u00edas, los meses, los a\u00f1os, con sus luces  y sus estaciones, con sus gentes, con sus achaques, nietos, nueras y muertos\u2014<br \/>\ntranscurriera por este blog como la vida, en un vaiv\u00e9n, como un carrusel que da vueltas incansablemente, dej\u00e1ndonos sus instantes y sus huellas. En ese tr\u00e1fago en el que todos vivimos \u2014aunque a  menudo tambi\u00e9n dejamos que la vida pase de largo, como si se nos escapara de las manos\u2014 hay, como en la flor del azahar, mucho de realidad, mucho de ficci\u00f3n, y mucho de poes\u00eda, como el paisaje que se transforma seg\u00fan le viene la luz, seg\u00fan el calor o la lluvia, como esa plaza de Puerta Real que ahora nos sirve de lugar de encuentro.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-76\" title=\"imagen-2\" src=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/\/imagen-2.png\" alt=\"imagen-2\" width=\"441\" height=\"334\" srcset=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-2.png 441w, http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-2-300x227.png 300w\" sizes=\"(max-width: 441px) 100vw, 441px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Puerta Real. Una d\u00eda cualquiera de la Feria del Libro. 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