{"id":182,"date":"2009-06-25T13:44:07","date_gmt":"2009-06-25T11:44:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=182"},"modified":"2009-10-11T13:58:29","modified_gmt":"2009-10-11T11:58:29","slug":"el-quijote","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=182","title":{"rendered":"El Quijote"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_185\" aria-describedby=\"caption-attachment-185\" style=\"width: 311px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-185\" title=\"El Quijote\" src=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/\/imagen-81.png\" alt=\"**Jes\u00fas Conde Ayala\" width=\"311\" height=\"531\" srcset=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-81.png 311w, http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-81-175x300.png 175w\" sizes=\"(max-width: 311px) 100vw, 311px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-185\" class=\"wp-caption-text\">**Jes\u00fas Conde Ayala<\/figcaption><\/figure>\n<p>Poco m\u00e1s quedaba por leer de la novela, cuando del camaranch\u00f3n  donde reposaba Don Quijote, sali\u00f3 Sancho Panza todo alborotado,  diciendo a voces: Acudid, se\u00f1ores, presto, socorred a mi se\u00f1or, que  anda envuelto en la m\u00e1s re\u00f1ida y trabada batalla que mis ojos han  visto. Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la se\u00f1ora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza cerc\u00e9n a  cerc\u00e9n como si fuera un nabo. \u00bfQu\u00e9 dices, hermano?, dijo el cura,  dejando de leer lo que de la novela quedaba. \u00bfEst\u00e1is en vos, Sancho? \u00bfC\u00f3mo diablos puede ser eso que dec\u00eds, estando el gigante  dos mil leguas de aqu\u00ed?<\/p>\n<p>As\u00ed comienza, Jes\u00fas, el trig\u00e9simo quinto cap\u00edtulo de \u201cEl Quijote\u201d.  Y as\u00ed termina:<br \/>\nBien, dijo el cura, me parece esta novela; pero no me puedo persuadir que esto sea verdad, y si es fingido, fingi\u00f3 mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio que quiera  hacer tan costosa experiencia como Anselmo. Si este caso se pusiera entre un gal\u00e1n y una dama, pudi\u00e9rase llevar; pero entre marido  y mujer, algo tiene de imposible, y en lo que toca al modo de contarle, no me descontenta.<\/p>\n<p>En el arte, y en la literatura, la ficci\u00f3n y la realidad se postulan como  posibles, sin que por ello sean evidentes. La ficci\u00f3n y la realidad  constituyen un juego, una suerte de sugerencia, como esa palmatoria que aun apagada ilumina el pergamino, los pergaminos, los  n\u00fameros romanos que la sustentan.<\/p>\n<p>En el arte, y en la literatura, la ficci\u00f3n y la realidad se asemejan a  los papeles estelares que en \u201cEl Quijote\u201d cervantino desempe\u00f1an  Sancho Panza y su armado caballero. Ellos se conjugan y se concilian, se complementan, como la realidad y la ficci\u00f3n que nos ocupa.<br \/>\nLa luz se acomoda a las sombras. Acaso en la met\u00e1fora \u00faltima, el  bien y el mal son sin\u00f3nimos del idealismo, y el materialismo, de la  ficci\u00f3n y de la realidad, del alma y los aperos que se nos muestran  en tu cuadro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poco m\u00e1s quedaba por leer de la novela, cuando del camaranch\u00f3n donde reposaba Don Quijote, sali\u00f3 Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces: Acudid, se\u00f1ores, presto, socorred a mi se\u00f1or, que anda envuelto en la m\u00e1s re\u00f1ida y trabada batalla que mis ojos han visto. 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