{"id":172,"date":"2009-06-23T22:39:24","date_gmt":"2009-06-23T20:39:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=172"},"modified":"2009-10-07T22:45:05","modified_gmt":"2009-10-07T20:45:05","slug":"leer-contar-y-cantar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=172","title":{"rendered":"Leer, contar  y cantar"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>La palabra y el n\u00famero, como el ser humano que las produce, tienen afanes de duraci\u00f3n y de mudanza.<br \/>\nBien lo supo aquel ni\u00f1o, nacido bajo el quitasol celeste de las horas, que aprendi\u00f3 el garbo de la cifras vi\u00e9ndolas pintadas en la luna llena del reloj y les fue poniendo nombre mientras sus dedos acumulaban los sonidos de las campanas, o que, en las fachadas y sobre las puertas, se\u00f1alaban casas, la de la abuela, las de las t\u00edas amables y los primos traviesos, la de la matrona, el cura, el practicante, el boticario\u2026 <\/p>\n<p>Transportado de su apacible vega a otro pueblo desparramado por una ladera, aprendi\u00f3 que en la piedra gustan de campear las palabras para contar y cantar, adem\u00e1s de para designar plazas y calles, <strong>palabras escritas<\/strong> de muy diversas maneras, aqu\u00ed incisas, <strong>ah\u00ed pintadas con negruras <\/strong>y brillos de carb\u00f3n,  <strong>all\u00ed goteadas de vidrio<\/strong> o verdecidas de bronce.  <!--more-->Alguien, que supo y quiso, le ense\u00f1\u00f3 qu\u00e9 es el n\u00famero y qu\u00e9 el guarismo, qu\u00e9 los sonidos de la voz y qu\u00e9 las letras y c\u00f3mo, en aquella placa donde se evocaba al m\u00e9dico poeta Luis Barahona de Soto, hab\u00eda signos que cifraban unas veces sonidos, otras el orden de los a\u00f1os, que V pod\u00eda sonar uve o s\u00f3lo u, o indicar todo lo que el cinco genera o sugerir la victoria. Y aprendi\u00f3 que escribir es encerrar en signos mudos los suspiros, las risas, los colores, las notas, y que leer era volver a darles presencia sensible, de modo que cuando la palabra y el n\u00famero, \u00edntimamente entrelazados, brotaban de sus ojos y sus labios y acordaban su vida interior con el p\u00e1lpito del mundo, en ese acorde brotaba la poes\u00eda. Lo supo porque quien los conoc\u00eda y quiso le dijo estos versos de Luis Barahona: <\/p>\n<p>Sin tu presencia, Tirsa, el fresco viento<br \/>\n helado quema las fragantes yerbas,<br \/>\n y el rubio trigo que en el suelo echamos<br \/>\n perece en el momento.<br \/>\n Las uvas son acerbas<br \/>\n que de las tiernas vides desgajamos,<br \/>\n y en el lugar hallamos<br \/>\n de trigo, avena, y de cebada blanca,<br \/>\n vallico in\u00fatil, y del lino, grama,<br \/>\n       y de lechuga dulce, amargo cardo. <\/p>\n<p>Y ech\u00f3 de menos su pueblo, su casa y los campos que<br \/>\nsu padre labraba con primor.<br \/>\n<em>**Antonio Carvajal<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Dices, Antonio, que escribir es encerrar en signos mudos los suspiros, las risas, los colores, las notas, y que leer es volver a darles presencia sensible. Y sostienes, t\u00fa que eres maestro de versos, de m\u00e9tricas y de rimas, que la palabra y el n\u00famero, como el ser humano que las produce, tienen afanes de duraci\u00f3n y de mudanza. Por eso, quiz\u00e1, el escritor aspira a abarcar el mundo entre sus p\u00e1ginas.<br \/>\nY el lector a descifrar los tonos y los matices que en su imaginaci\u00f3n ide\u00f3 el poeta.<br \/>\nLa palabra, el libro, contienen todos los mundos, todos los universos posibles. \u00danicamente es preciso darlespresencia sensible. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra y el n\u00famero, como el ser humano que las produce, tienen afanes de duraci\u00f3n y de mudanza. 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