{"id":134,"date":"2009-06-05T17:06:59","date_gmt":"2009-06-05T15:06:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=134"},"modified":"2009-10-04T18:02:03","modified_gmt":"2009-10-04T16:02:03","slug":"juego-de-rol","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=134","title":{"rendered":"Juego de Rol"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Rosas, muchas rosas, pregonaban la primavera, como si la naturaleza tratara de hacerlo notorio, como si alguien tuviera la necesidad de gritarlo a los cuatro vientos.<\/p>\n<p>Ra\u00fal advirti\u00f3, de pronto, que los rosales que poblaban la valla del campus hab\u00edan brotado a borbotones, y casi se<br \/>\npod\u00edan o\u00edr los p\u00e9talos en ese trance de abrirse y hacerse notar altivamente. A Ra\u00fal la primavera se le antojaba tan<br \/>\nevidente que la  percib\u00eda llena de m\u00fasicas y de luces. Y vibraba con otro \u00e1nimo, como si su vida hubiera cambiado al advertir el tr\u00e1nsito de una estaci\u00f3n a otra.<\/p>\n<p>Hab\u00eda elegido Periodismo, pero podr\u00eda haberse decidido por cualquier otra carrera. Sus padres le hab\u00edan aconsejado que estudiara alguna ingenier\u00eda, econ\u00f3micas, empresariales, o periodismo. Opt\u00f3 por esta \u00faltima porque pensaba que le resultar\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil. Pronto comprob\u00f3, sin embargo, que <strong>la ilusi\u00f3n por la universidad<\/strong> acabar\u00eda por convertirse tambi\u00e9n en <strong>una quimera<\/strong>, una m\u00e1s entre tantos sue\u00f1os de adolescente.<!--more--><\/p>\n<p>Y justo por esas fechas se comentaban en clase los titulares de los peri\u00f3dicos respecto del fracaso de los estudiantes en su primer a\u00f1o en la universidad: un 20 por ciento de los alumnos abandonaba los estudios tras el primer curso en las aulas.<\/p>\n<p>Mientras caminaba, <strong>Ra\u00fal \u2014veintitr\u00e9s a\u00f1os, ojos marrones,<\/strong> tez morena, figura alta y desgarbada\u2014  se sent\u00eda afortunado por el solo hecho de no formar parte de ese 20 por ciento de universitarios que abandonan sus estudios tras el fracaso del primer a\u00f1o. Y se preguntaba cu\u00e1les ser\u00edan las claves para salir adelante no s\u00f3lo en lo que a los resultados acad\u00e9micos se refiere, sino tambi\u00e9n en cuanto a lo que a la vida concierne: a las relaciones afectivas, a los estudios, al futuro laboral, a la prosperidad, a la salud\u2026 y pensaba inmediatamente en su hermana menor <strong>Gabriela \u2014veinti\u00fan a\u00f1os, ojos verdes<\/strong> inmensos, media melena color casta\u00f1o, tan comedida en sus palabras, tan elegante\u2014  que en sus dos primeros cursos de facultad hab\u00eda ido muy apurada, aprobando siempre por la m\u00ednima, como tantos otros compa\u00f1eros.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-137\" title=\"imagen-14\" src=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/\/imagen-14.png\" alt=\"imagen-14\" width=\"356\" height=\"274\" srcset=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-14.png 445w, http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-14-300x231.png 300w\" sizes=\"(max-width: 356px) 100vw, 356px\" \/><br \/>\nLas rosas se mostraban en plenitud durante todo el paseo universitario. Y Ra\u00fal se sent\u00eda envuelto en un raro sortilegio mientras caminaba, tan absorto, que apenas respond\u00eda a los saludos de algunos de sus compa\u00f1eros. <strong>S\u00f3lo hay dos mundos posibles<\/strong>, se dec\u00eda, mientras continuaba su marcha de largas zancadas: el de <strong>la rutina cotidiana<\/strong>: levantarse cada d\u00eda y arreglarse, y salir, y acudir a clase, <strong>y tomar apuntes<\/strong>, y comer, y dormir, y empezar de nuevo; y el de las rosas: el mundo de las rosas es como un refugio en el que caben todos los universos; es el mundo en el que nos dejamos envolver y nos transportamos y nos imaginamos y nos sentimos distintos. El mundo de las rosas es como el de las miradas, como unos ojos profundos, como el llanto, como la luz, como\u00a0el lugar de todas las m\u00fasicas. Quiz\u00e1 por eso la primavera trasciende y subvierte nuestro \u00e1nimo, como si se tratara de ese peque\u00f1o gran grito que a menudo, sin dejarse o\u00edr, retumba en nuestra piel y nos recuerda que estamos vivos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-138\" title=\"imagen-22\" src=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/\/imagen-22.png\" alt=\"imagen-22\" width=\"350\" height=\"273\" srcset=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-22.png 438w, http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-22-300x233.png 300w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/>Ra\u00fal cambi\u00f3 el rumbo de sus pasos cuando adivin\u00f3, a lo lejos, los andares muy apresurados de Cristina  \u2014 veintid\u00f3s a\u00f1os, rubia de ojos claros, pelo largo y rizado, muy gesticulante, muy nerviosa\u2014 <strong>la chica<\/strong> m\u00e1s resultona de la clase; una especie de torbellino con <strong>tirabuzones rubios<\/strong>, que presum\u00eda, sin decirlo, de ser la alumna m\u00e1s aventajada de la promoci\u00f3n; y deb\u00eda de ser cierto, porque todos coincid\u00edan en aceptar que en ella conflu\u00edan las virtudes que la naturaleza s\u00f3lo otorga a las rosas, y a alguno de sus s\u00fabditos, pues s\u00fabditos de la naturaleza hemos de considerarnos si somos conscientes de que de ella dependemos y ante ella nos postramos, como criaturas fr\u00e1giles, criaturas distinguidas de las dem\u00e1s, eso s\u00ed, por la arrogancia de nuestros prop\u00f3sitos diarios, por la prepotencia de nuestros actos, ef\u00edmeros a la postre, como las rosas que durante unos d\u00edas brillan en el campus.<\/p>\n<p><strong>Cristina<\/strong> era <strong>tan activa<\/strong> que el solo hecho de hablar con ella <strong>resultaba inquietante<\/strong>, no tanto por la persistencia de su mirada, que se clavaba, como los dardos, en los ojos de sus contertulios, sino por el incesante movimiento de sus manos, por su animosidad, por sus continuos gestos, por la rapidez con que respond\u00eda,como si se tratara de un opositor que ha preparado concienzudamente las respuestas a todas las preguntas de un temario infinito.<br \/>\nRa\u00fal recordaba, mientras observaba cada vez m\u00e1s lejana la silueta de Cristina, aquellas palabras rotundas que<br \/>\nella pronunci\u00f3 ante una clase abarrotada, en la tertulia de humanidades:<br \/>\n\u2014La relaci\u00f3n sexual, sin amor, es como una cena sin apetito. \u2014Dijo, tan convencida, y tan gallarda, que todos<br \/>\nquedaron boquiabiertos.<br \/>\nSalvo \u00c1lvaro que, siempre dispuesto a replicar a quien hablara, le contest\u00f3 de inmediato:<br \/>\n\u2014\u00bfY t\u00fa qu\u00e9 sabes, Cristina?   \u2014\u00bfO es que has hecho un cursillo acelerado?<\/p>\n<p>Ra\u00fal pensaba que aquella chica de ojos claros y tirabuzones, tan obstinada como era, parec\u00eda querer empe\u00f1arse en practicar una f\u00e9rrea y casta virtud, y adem\u00e1s llevaba a gala el hecho de proclamarlo, como si con ello se reafirmara en sus creencias, tan discutidas a menudo en los corrillos de la facultad; ella hab\u00eda hecho de su actitud personal una arenga cotidiana: objetivo de todas las charlas de pasillo, hasta el punto de haberse convertido en el centro de atenci\u00f3n de todos sus compa\u00f1eros, en protagonista indiscutible de aquellas <strong>a<\/strong><strong>ulas tan tediosas que<\/strong>, se dir\u00eda, <strong>empujaban<\/strong> a los alumnos a buscar entre clase y clase unos <strong>est\u00edmulos que los estudios les negaban<\/strong>.<\/p>\n<p>De modo espont\u00e1neo hab\u00eda surgido, en los pasillos y en la cafeter\u00eda de la facultad, en las reuniones y en cualquier<br \/>\nlugar del campus, una pol\u00e9mica acalorada acerca de la castidad o la promiscuidad de las relaciones entre las personas y, por extensi\u00f3n, se hablaba de la sexualidad y del amor, y del distingo que, educacional y tradicionalmente, favorece a\u00fan hoy a los varones en toda relaci\u00f3n sexual espor\u00e1dica. El discurso, extendido por todos los rincones de la facultad, traspasaba ya las fronteras de las aulas y se instalaba en las nuevas autopistas del correo electr\u00f3nico y los mensajes de los m\u00f3viles, hasta penetrar, incluso, en los despachos de los profesores y convertirse, as\u00ed, en conversaci\u00f3n estrella de toda la instituci\u00f3n acad\u00e9mica.<\/p>\n<p>Mat\u00edas \u2014veintitr\u00e9s a\u00f1os, muy alto, muy moreno, de ojos peque\u00f1\u00edsimos que parec\u00edan perderse entre sus pobladas cejas; y tan delgado que quienes no lo conoc\u00edan lo tomaban por un muchacho enfermo\u2014  era el \u201cpadre\u201d de los juegos de rol, la otra pr\u00e1ctica com\u00fan  (junto a la ya vieja parla acerca de la conveniencia o no de una sexualidad plena, al margen del amor) entre grupos de alumnos de la facultad.<br \/>\n\u2014Los juegos de rol son como un gran universo sin fronteras.<br \/>\n\u2014Dec\u00eda Mat\u00edas. \u2014Como una gran aventura que suple de golpe las carencias de lo cotidiano\u2026 \u2014En los <strong>juegos de<br \/>\nrol<\/strong> cada uno puede desempe\u00f1ar el papel que m\u00e1s desee, <strong>sin ataduras<\/strong> y sin cortapisas; aunque luego es como si despertaras, a sabiendas de que el sue\u00f1o ha sido una quimera en la que s\u00f3lo puedes participar aceptando de<br \/>\nantemano las reglas establecidas.<\/p>\n<p>Igualmente para Ra\u00fal los juegos de rol no eran s\u00f3lo el acto mismo de adentrarse en ellos, involucrarse y convertirlos en hechos reales. Eran, tambi\u00e9n, todo el pre\u00e1mbulo, <strong>el ritual y el tr\u00e1fago del pensamiento <\/strong>a la pr\u00e1ctica; como quien idea, escribe y rueda una pel\u00edcula: primero hay que inventar una trama, luego hay que desarrollarla, es decir, escribirla en un gui\u00f3n; m\u00e1s tarde habr\u00e1 que hacer part\u00edcipes a todos cuantos quieren formar parte del juego, y por \u00faltimo es preciso interpretar los papeles, vivir la historia.<\/p>\n<p>Mat\u00edas hab\u00eda ideado que el pr\u00f3ximo juego en el que participar\u00edan, por separado, Ra\u00fal y \u00e9l mismo, consistir\u00eda en acudir a un prost\u00edbulo y experimentar el placer con una desconocida, tap\u00e1ndose los ojos, sin posibilidad alguna de a\u00f1adir al acto sexual los est\u00edmulos que nos otorga la percepci\u00f3n visual.<\/p>\n<p>Leyeron cuidadosamente los reclamos por palabras de un peri\u00f3dico de gran tirada, y seleccionaron varios de los<br \/>\nanuncios en que <strong>se ofrec\u00edan jovencitas:<\/strong> \u201cestudiantes universitarias, no profesionales, muy marchosas.\u201d<br \/>\n\u2014El juego consistir\u00e1 \u2014explic\u00f3 Mat\u00edas\u2014  en acudir a la cita <strong>y taparse los ojos<\/strong> antes de que abran la puerta de entrada, pues s\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1 experimentarse la certeza del placer, sin aditivos est\u00e9ticos. Se trata, en realidad, de\u00a0asistir a una experiencia placentera, sin m\u00e1s, al margen de los rasgos f\u00edsicos y de los convencionalismos est\u00e9ticos; al margen del amor y de lo socialmente establecido, de los c\u00e1nones que comporta el ideal de belleza.<br \/>\n\u2014Ser\u00e1 una prueba.  \u2014Dijo, firmemente.<br \/>\nD\u00edas antes, el inventor del juego llam\u00f3 al tel\u00e9fono seleccionado en el peri\u00f3dico y, al concertar la cita y el precio,<br \/>\nexplic\u00f3 que ellos ir\u00edan con los <strong>ojos vendados<\/strong>, y pidi\u00f3  a la chica con la que habl\u00f3 que ellas hicieran lo propio.<br \/>\n\u2014No debemos vernos.  \u2014Afirm\u00f3, resolutivo. \u2014Es preciso que lleguemos al placer por el <strong>placer mismo,<\/strong> que<br \/>\nexperimentemos una sensaci\u00f3n distinta, imagin\u00e1ndonos, sin vernos y sin ser vistos. Luego, al despedirnos habr\u00e1<br \/>\ntiempo de abrir los ojos y contarnos c\u00f3mo ha ido todo\u2026   \u2014insisti\u00f3 Mat\u00edas, con mucha convicci\u00f3n, a la chica del otro lado del tel\u00e9fono.<br \/>\nEl primer turno corresponde a Ra\u00fal que, muy nervioso, sale a la calle dos horas antes de la hora convenida, y<br \/>\nahora, m\u00e1s tranquilo, ve alejarse a Cristina al fondo del bulevar del campus, muy cerca ya del lugar donde se encuentra el edificio en que tiene concertada su cita.<\/p>\n<p>Al llegar a la puerta del piso <strong>Ra\u00fal<\/strong> hace sonar el timbre y <strong>se coloca su antifaz<\/strong>. Ya hab\u00eda comprobado en d\u00edas anteriores su eficacia. Es un antifaz muy ce\u00f1ido y perfectamente ajustado; tanto, que no deja resquicio de luz\u00a0alguno. <strong>Y ella<\/strong>, al otro lado, abre la puerta, <strong>vendados sus ojos<\/strong>, y recibe amablemente a quien ser\u00e1 su cliente durante una hora, pues ese es el acuerdo establecido.<br \/>\nSe saludan extendiendo los brazos. Y con los dedos perciben las primeras sensaciones. Todo est\u00e1 calculado. Las\u00a0manos en la cara, las manos en el cuello, las manos en los hombros, las manos en los pechos\u2026<\/p>\n<p>Ella <strong>s<\/strong><strong>e ha perfumado<\/strong> con una colonia muy fresca, y <strong>la<\/strong><strong> habitaci\u00f3n huele a limones y yerbabuena<\/strong>. Ra\u00fal se pregunta si las percepciones de la sensualidad tienen m\u00e1s que ver con un ideario imaginado que con la realidad misma, y se lanza a descubrirlas y a sentirlas, con el mismo esp\u00edritu que le indujo, ya hace seis meses, a enrolarse en estos juegos tan distintos de cuantos hab\u00eda conocido antes.<\/p>\n<p><strong>Se desnudan<\/strong> en silencio, <strong>muy despacio<\/strong>, y se dan varias veces de bruces con el mobiliario, antes de tropezar con la cama de aquella habitaci\u00f3n tan peque\u00f1a que apenas en dos pasos podr\u00eda recorrerse; podr\u00eda aprehenderse en la memoria, se dir\u00eda, como un mapa que cupiera en la palma de la mano.<br \/>\nLes resulta m\u00e1s excitante a\u00fan que si se miraran a los ojos, aunque en el pre\u00e1mbulo, Ra\u00fal est\u00e1 tentado de quitarse la m\u00e1scara y descubrir el rostro de esa muchacha que ya se le antoja tan dulce, aun sin verle la cara\u2026 pero piensa que no llevar\u00e1 a cabo su experimento si sucumbe al af\u00e1n de sus ojos\u2026 y se convence, para sus adentros, de que la sensualidad ha de percibirse s\u00f3lo con las manos.<br \/>\nCon las manos y con los labios.<br \/>\nNo han intercambiado una sola palabra. Durante largos minutos sus manos se han buscado, y se han encontrado. <strong>Sus dedos han vislumbrado <\/strong>esos <strong>mundos invisibles a los ojos<\/strong>. Ra\u00fal ha sido testigo del milagro de la sensualidad\u00a0en el solo trance de la piel, en el roce de los labios. De ella s\u00f3lo tiene a\u00fan la certeza de su cuerpo y de sus p\u00e1lpitos, pero ha podido o\u00edr, durante largos minutos, como susurros, sus t\u00edmidos jadeos en el tr\u00e1fago de esta<br \/>\nexperiencia a la que ambos parecen haberse entregado en cuerpo y alma. Y ahora, todav\u00eda en silencio, y ya calmados, Ra\u00fal la imagina dulc\u00edsima, tendida a su lado, antes de desprenderse del antifaz que los dos se colocaron un instante antes de que se abriera la puerta de aquel piso con olor a limones y yerbabuena.<br \/>\nRa\u00fal se ha quitado el antifaz y ha visto, a su lado, desmelenada y aturdida, a Gabriela, su hermana.<br \/>\n**Juan Vellido<\/p><\/blockquote>\n<p>Las rosas y la primavera, los limones y la hierbabuena, Juan, revelan ese tr\u00e1nsito de la adolescencia m\u00e1s dura, el p\u00e1lpito de una vida impersonal y desnaturalizada que a menudo se deja ver oculta entre nick y curiosos antifaces. Quiz\u00e1 la juventud reacciona como puede ante un mundo de asfalto y acero inoxidable. Y lo hace con esas mismas armas, lejos de las rosas, de los limones y la hierbabuena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rosas, muchas rosas, pregonaban la primavera, como si la naturaleza tratara de hacerlo notorio, como si alguien tuviera la necesidad de gritarlo a los cuatro vientos. 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