{"id":127,"date":"2009-05-29T16:54:13","date_gmt":"2009-05-29T14:54:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=127"},"modified":"2009-10-04T17:03:02","modified_gmt":"2009-10-04T15:03:02","slug":"a-harold-bloom","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/?p=127","title":{"rendered":"A Harold Bloom"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Hay siempre algo muerto en lo escrito, algo como de sonrisa congelada, o esperanza nunca cumplida o llanto mudo que no termina o alegr\u00eda restallante  que est\u00fapidamente persiste en su mueca absurda, algo como de fotograf\u00eda, de instante grapado, de flash back interrumpido. Realmente los escritores son enemigos del tiempo, incansables canteros luchando contra una erosi\u00f3n inexorable. Todo empez\u00f3 hace mucho y cabe preguntarse si algo ha cambiado, si las met\u00e1foras siguen siendo las mismas, si su entonaci\u00f3n diversa ha diversificado su naturaleza, si las escribi\u00f3 realmente su autor o las escribimos al leerlas o al leerlas escribimos las nuestras o al escribir leemos las de siempre. Si la historia de lo escrito es la historia imposible de un solo instante que gira como una peonza obsesiva que interpreta siempre la misma historia y, seductora, nos evita transformarla.<!--more--><\/p>\n<p>Cu\u00e1nto de lo que he escrito me pertenece. Cuando escribo, qu\u00e9 quiero conseguir. Y cuando he escrito, qu\u00e9 es lo que valoro. Cu\u00e1nto de lo que est\u00e1 literalmente escrito debo a lo que no est\u00e1 escrito en el mismo texto pero es an\u00e1fora de lo ya escrito en otros textos. Cu\u00e1nto de los otros textos hab\u00eda en mi cabeza antes de escribir mi propio texto. Humildemente creo que todo escritor se ha planteado en alg\u00fan punto del camino ser escritor y se ha respondido, sistem\u00e1ticamente, en un acto reiterado y siempre el mismo, como las olas en la orilla, siempre recomenzadas, seg\u00fan un par\u00e1metro elaborado inconscientemente, sedimentado lentamente como el limo de un pantano o el remanso de los deltas, que ese escritor posee un rostro fragmentario, reconstruido de anteriores rostros ajenos que hemos querido, o hemos podido, escoger. Escribimos para entrar en el club, ese club legendario elaborado por la gratuita elecci\u00f3n de mis lecturas. Ese rostro frankensteiniano est\u00e1 fantasmag\u00f3ricamente detr\u00e1sde mis textos, los determina, selecciona mis palabras, las empuja como m\u00e9ritos para ser admitido en la selecta sociedad secreta como miembro de pleno derecho. Al final el club era como todos los clubes, con sus reglas y sus ceremonias, sus levitas y sus tiralevitas, sus hipocres\u00edas y, a veces, sus verdades, su deleite y sus tasas mensuales y econ\u00f3micas, y hasta su seguro de enfermedad por trastorno literario o brote de originalidad. La tradici\u00f3n. La maldita tradici\u00f3n que nos ense\u00f1aron a amar con doliente amor filol\u00f3gico. Todo es un rancio olor de casino de pueblo. El rostro deforme que escribe mis textos siempre pertenece al pasado y hace de m\u00ed un onanista enfermizo que palidece y se nubla en la vanagloria de las eternas starlets de los calendarios literarios, no muy diversos de los que anidan en las paredes sucias de los talleres mec\u00e1nicos.<!--more--><\/p>\n<p>Se agradecen, eso s\u00ed, los espor\u00e1dicos espect\u00e1culos de socios pose\u00eddos por repentinos ataques de ansiedad y asfixia que se desgarran p\u00fablicamente  intentando desgarrar las abigarradas cortinas de su coqueto teatro de provincias. Es triste escribir como sujeto que es sujeto de la historia porque ese fue un proyecto hist\u00f3rico de construcci\u00f3n que ya habita en la historia. Lo peor del club son los advenedizos, los arribistas, los literatos, los acad\u00e9micos o los locos reinsertados que, hijos pr\u00f3digos, exhiben frac y medall\u00f3n como paletos infl\u00e1ndose a cubatas en la barra libre de las bodas.<br \/>\nEs decir, los que van orgullosos de sujeto inflado, hipertrofiado, anclado en la estulticia anacr\u00f3nica sin percibir el bochorno ambiente parapetados en el pienso bien dosificado de las fuerzas vivas: el boticario, el m\u00e9dico, el alcalde, el director de la caja de ahorros, el catedr\u00e1tico de turno, el rector o su t\u00eda de am\u00e9rica. Todos los caminos, tambi\u00e9n los imitados y los contaminados, han sido trazados. La literatura (aun me tiemblan las piernas y los labios como entonces, qu\u00e9 curioso) no ha existido siempre. Todo lo dem\u00e1s es literatura. Somos (homo lector) un estadio evolutivo, un tax\u00f3n que se extingue y anida en los zool\u00f3gicos de la era literaria suplicando una golosina, una cita, a trav\u00e9s de los barrotes, en el \u00faltimo hueco de los ep\u00edgonos de la historia de la literatura, esa que se regala con los yogures y tiras en la papelera, ya libre, al doblar la esquina.<br \/>\n<em>**Antonio Gonz\u00e1lez V\u00e1zquez<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Las palabras, Antonio, como las frases y los versos y los cuentos y las novelas, quiz\u00e1 tengan vida propia, y acaso no sean ni de quien las escribe ni de quien las lee, aunque eso s\u00ed, en cada caso tal vez ocupen matices y significados particulares. Por eso, la misma historia puede escribirse de muy distintas maneras. Y por eso el mismo relato puede percibirse de formas muy diferentes.<br \/>\nY probablemente las met\u00e1foras no sean las mismas, ni las palabras signifiquen lo mismo que significaron cuando las pronunciaban nuestros antepasados. Es posible que siempre haya algo muerto en lo escrito, y es posible que en ese trance se renueve el lenguaje, y en esa transformaci\u00f3n se produzcan nuevos cambios en el ser pensante. \u00bfHasta qu\u00e9 punto, Antonio, el lenguaje es decisivo en la revoluci\u00f3n intelectual del ser humano?<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-128\" title=\"  \u00bfY c\u00f3mo podr\u00e9 yo privar a ese caballero del \u00fanico motivo de gozo que le queda en el mundo?\u201d, se  preguntaba la noble dama\u201d \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 pedirle ese halc\u00f3n que le procura el sustento?  \" src=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/\/imagen-41.png\" alt=\"  \u00bfY c\u00f3mo podr\u00e9 yo privar a ese caballero del \u00fanico motivo de gozo que le queda en el mundo?\u201d, se  preguntaba la noble dama\u201d \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 pedirle ese halc\u00f3n que le procura el sustento?  \" width=\"353\" height=\"236\" srcset=\"http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-41.png 441w, http:\/\/www.editorialtleo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/imagen-41-300x200.png 300w\" sizes=\"(max-width: 353px) 100vw, 353px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay siempre algo muerto en lo escrito, algo como de sonrisa congelada, o esperanza nunca cumplida o llanto mudo que no termina o alegr\u00eda restallante que est\u00fapidamente persiste en su mueca absurda, algo como de fotograf\u00eda, de instante grapado, de flash back interrumpido. 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