<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	>

<channel>
	<title>Libreta de edición</title>
	<atom:link href="http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.editorialtleo.com/blog</link>
	<description>Blog oficial de la editorial Tleo</description>
	<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 12:18:43 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.7.1</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Dosis diaria</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=195</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=195#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 30 Jun 2009 12:15:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[cómic]]></category>

		<category><![CDATA[Dosis diaria]]></category>

		<category><![CDATA[humor]]></category>

		<category><![CDATA[Óscar Martínez]]></category>

		<category><![CDATA[viñeta]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=195</guid>
		<description><![CDATA[

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-196" title="Dosis diaria- Óscar Martínez" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-24.png" alt="Dosis diaria- Óscar Martínez" width="341" height="689" /></p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-197" title="Dosis diaria- Óscar Martínez" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-34.png" alt="Dosis diaria- Óscar Martínez" width="346" height="689" /></p>
<div id="attachment_198" class="wp-caption alignnone" style="width: 355px"><img class="size-full wp-image-198" title="Dosis diaria- Óscar Martínez" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-43.png" alt="**Óscar Martínez" width="345" height="688" /><p class="wp-caption-text">**Óscar Martínez</p></div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=195</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Estancias contra  el tiempo</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=188</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=188#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 30 Jun 2009 11:58:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[Alhambra]]></category>

		<category><![CDATA[Álvaro Guzmán]]></category>

		<category><![CDATA[arte]]></category>

		<category><![CDATA[Catedral]]></category>

		<category><![CDATA[grabado]]></category>

		<category><![CDATA[Granada]]></category>

		<category><![CDATA[José Manuel Peña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=188</guid>
		<description><![CDATA[Esas letras de sueño o cal, los ocres y los azules, los versos, la catedral y la Alhambra bien podrían, José Manuel, anticiparse a este blog, o a este libro, en que la obra original del artista aspira a ser parte consustancial del volumen, como lo es de la bitácora. Ambiciona formar parte de él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esas letras de sueño o cal, los ocres y los azules, los versos, la catedral y la Alhambra bien podrían, José Manuel, anticiparse a este blog, o a este libro, en que la obra original del artista aspira a ser parte consustancial del volumen, como lo es de la bitácora. Ambiciona formar parte de él siendo aun obra única, con sus relieves, sus colores y sus texturas.</p>
<p>En esta filosofía del nuevo libro, del blog, del ideario de ideas y de formas, la obra original otorga un nuevo concepto a la vieja noción de la lectura. Ahora es posible, así, integrar en las páginas escritas, como parte de un todo, como pieza del mismo relato, un pliego de tactos inverosímiles, un grabado convenientemente firmado y numerado, una estampa única.</p>
<p>Los versos de Lorenzo Higueras a la catedral:</p>
<p><strong>Susurra<br />
como las sombras que susurran<br />
como una sombra de otras sombras<br />
como sombra de sombra que alojara<br />
la materia prima o el discurso </strong></p>
<p>Y a la Alhambra</p>
<p><strong>Letras de sueño o cal<br />
edifican clementes<br />
estancias contra el tiempo</strong></p>
<p>pretenden constituir, junto a otros soportes y otros géneros y estilos, un solo cuerpo, literario y artístico, en el que la historia, se diría, adquiere formas con distintas sintaxis. Comunicación, al fin y al cabo, en la consideración de que no sólo la palabra es el único cauce expresivo.</p>
<div id="attachment_189" class="wp-caption alignnone" style="width: 297px"><img class="size-full wp-image-189" title="Reproducción de un grabado original de José Manuel Peña" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-131.png" alt="Susurra | como las sombras que susurran | como una sombra de otras sombras | como sombra de sombra que alojara | la materia prima o el discurso" width="287" height="497" /><p class="wp-caption-text">Susurra | como las sombras que susurran | como una sombra de otras sombras | como sombra de sombra que alojara | la materia prima o el discurso</p></div>
<p><em>**José Manuel Peña</em></p>
<p><span id="more-188"></span></p>
<div id="attachment_191" class="wp-caption alignnone" style="width: 299px"><img class="size-full wp-image-191" title="Reproducción de un grabado original de José Manuel Peña" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-16.png" alt="Letras de sueño o cal | edifican clementes | estancias contra el tiempo" width="289" height="674" /><p class="wp-caption-text">Letras de sueño o cal | edifican clementes | estancias contra el tiempo</p></div>
<p><em>**José Manuel Peña</em></p>
<blockquote><p>Llevas razón, Laura, los medios de comunicación dedican cada vez  más espacio al cotilleo y al comadreo. Los mamarrachos se han  travestido de tertulianos de alto copete. Y cobran más que los ministros y los futbolistas. Las televisiones se han convertido en escaparates del comadreo. Nada se corresponde, en realidad, ni con<br />
la vida cotidiana ni con la verdad. En ese tráfago, la literatura impresa también se ha dejado llevar. Y parece que abundan como  los hongos libros de hablillas y chismes, como si con ello se dejara  constancia del tedio y la apatía que reina en esta sociedad llamada  del bienestar.</p>
<p>Sólo el aburrimiento y la saciedad concitan estos discursos zafios  y grotescos que a diario ocupan los programas de televisión: vividores, sablistas, chupópteros, mogrollos, rufianes, malandrines y  trotaconventos inundan los platós de televisión y se codean con los  celebérrimos periodistas  —algunos de ellos, tal para cual—  como  si su fama se correspondiera con la rotunda indignidad de la que  hacen gala públicamente.</p>
<p>Son los tiempos que nos ha tocado vivir, con crisis económica de  fondo incluida, y con la propagación de un nuevo discurso, en el  que todos, a una, ponemos en tela de juicio incluso aquellos valores  que hasta ahora se defendían a capa y espada. Y no me refiero,  claro está, a las prédicas trasnochadas de quienes aprovechan la  exagerada falsía de la izquierda para meter baza retrógada  Y es que, al margen de moralinas y alegatos oportunistas, vivimos  un tiempo de cambios que acaso comenzó en esta travesía de Internet, y quizá prosiga ahora en una convulsión de los conceptos  de comunicación tradicionales, pues probablemente cambiará,  muy mucho, el mapa de los medios de comunicación que habrán  de acomodarse, poco a poco, a la demanda virtual, cada vez más  solicitada. Y en alguna medida, es posible que también cambie la  idea tradicional de la lectura, del libro, e incluso del lector.</p>
<p>Aunque eso no significa, ni mucho menos, que el volumen impreso  esté en peligro por ahora, con la salvedad, eso sí, de los peligros que acechan al mundo de los libros; que no son otros que los avasallajes, lossometimientos a esos lobbys de la cultura que dirigen  —en perfecta eufonía con las administraciones y con los medios de comunicación—  el gran universo literario, pero también económico, que genera la industria editorial. **Álvaro Guzmán</p>
</blockquote>
<p>Noto en tu verbo, Álvaro, un cierto resentimiento o animosidad y presumo, aunque es verdad que me equivoco a menudo, que no has tenido buenas experiencias con el mundo editorial. Espero, pues, que este portal nos sirva de algo, y que desde esta ventana de Internet puedan abrirse algunas puertas.</p>
<p>Nuestro blog, Álvaro, comenzó con la primavera. Y ahora ya es verano, en este día 30 de junio en que la gran mayoría prepara las vacaciones y se anima a dejar el tráfago diario para buscar otro paisaje y otras gentes. Y acaso otra historia de la realidad, o de la ficción.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=188</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>El Quijote</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=182</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=182#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 11:44:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[arte]]></category>

		<category><![CDATA[El Quijote]]></category>

		<category><![CDATA[Jesús Conde Aya]]></category>

		<category><![CDATA[pintura]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=182</guid>
		<description><![CDATA[Poco más quedaba por leer de la novela, cuando del camaranchón  donde reposaba Don Quijote, salió Sancho Panza todo alborotado,  diciendo a voces: Acudid, señores, presto, socorred a mi señor, que  anda envuelto en la más reñida y trabada batalla que mis ojos han  visto. Vive Dios, que ha dado una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_185" class="wp-caption alignnone" style="width: 321px"><img class="size-full wp-image-185" title="El Quijote" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-81.png" alt="**Jesús Conde Ayala" width="311" height="531" /><p class="wp-caption-text">**Jesús Conde Ayala</p></div>
<p>Poco más quedaba por leer de la novela, cuando del camaranchón  donde reposaba Don Quijote, salió Sancho Panza todo alborotado,  diciendo a voces: Acudid, señores, presto, socorred a mi señor, que  anda envuelto en la más reñida y trabada batalla que mis ojos han  visto. Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza cercén a  cercén como si fuera un nabo. ¿Qué dices, hermano?, dijo el cura,  dejando de leer lo que de la novela quedaba. ¿Estáis en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede ser eso que decís, estando el gigante  dos mil leguas de aquí?</p>
<p>Así comienza, Jesús, el trigésimo quinto capítulo de “El Quijote”.  Y así termina:<br />
Bien, dijo el cura, me parece esta novela; pero no me puedo persuadir que esto sea verdad, y si es fingido, fingió mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio que quiera  hacer tan costosa experiencia como Anselmo. Si este caso se pusiera entre un galán y una dama, pudiérase llevar; pero entre marido  y mujer, algo tiene de imposible, y en lo que toca al modo de contarle, no me descontenta.</p>
<p>En el arte, y en la literatura, la ficción y la realidad se postulan como  posibles, sin que por ello sean evidentes. La ficción y la realidad  constituyen un juego, una suerte de sugerencia, como esa palmatoria que aun apagada ilumina el pergamino, los pergaminos, los  números romanos que la sustentan.</p>
<p>En el arte, y en la literatura, la ficción y la realidad se asemejan a  los papeles estelares que en “El Quijote” cervantino desempeñan  Sancho Panza y su armado caballero. Ellos se conjugan y se concilian, se complementan, como la realidad y la ficción que nos ocupa.<br />
La luz se acomoda a las sombras. Acaso en la metáfora última, el  bien y el mal son sinónimos del idealismo, y el materialismo, de la  ficción y de la realidad, del alma y los aperos que se nos muestran  en tu cuadro.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=182</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Exaltación de la realidad  refugiada en los libros</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=175</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=175#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 24 Jun 2009 11:05:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[Exaltación de la realidad  refugiada en los libros]]></category>

		<category><![CDATA[Miguel Ángel Blanco Martín]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=175</guid>
		<description><![CDATA[El principio de las palabras fueron los signos, que se convirtieron en imágenes para construir historias. Eso hizo necesario el nacimiento de los libros. Desde entonces, signos, palabras y libros forman parte de cada momento de la vida. Imprescindibles para conocer e interpretar la realidad, para justificar el futuro desde la imaginación. Colectiva e individualmente. Es la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El principio de las palabras fueron los signos, que se convirtieron en imágenes para construir historias. Eso hizo necesario el nacimiento de los libros. Desde entonces, signos, palabras y libros forman parte de cada momento de la vida. Imprescindibles para conocer e interpretar la realidad, para justificar el futuro desde la imaginación. Colectiva e individualmente. Es la única manera de sentir y de sobrevivir.</p>
<p>Por eso les invito a acompañarme a este viaje por unos libros muy concretos. Un itinerario personal, de interiores, propicio a la fantasía, abierto a las sensaciones. Como un enigma que lo engloba todo. Es el planteamiento que hace el escritor Alberto Manguel en su libro ‘una historia de la lectura’: “El destino de todo libro es misterioso, sobre todo para su autor”.</p>
<p>Aquí estamos, pues, lo que somos, autores y lectores, sin distinciones. Encerrados en nosotros mismos. Así surge inevitable la reivindicación del libro como mecanismo para la metamorfosis personal. Es otro criterio de Alberto Manguel: “La verdad es que nuestro poder como lectores es universal y es universalmente temido, porque se sabe que la lectura puede, en el mejor de los casos, convertir a dóciles ciudadanos en seres racionales, capaces de oponerse a la injusticia, a la miseria, al abuso de quienes nos gobiernan”.</p>
<p>La escritora Ana María Matute ha dicho recientemente: “Todos llevamos dentro una palabra extraordinaria que todavía no hemos logrado pronunciar”.</p>
<p><strong>Descubran ustedes mismos la palabra</strong>, de forma personal, libremente. <strong>En el silencio interior</strong>. Con sus propias imágenes.</p>
<p><span id="more-175"></span>Y aquí estoy. Soy un periodista que se dispone a caminar por el interior de los libros.</p>
<p>«No pretende el periodista interpretar lo que sucede en la intimidad de las conciencias ni en las profundidades del inconsciente. Es la realidad humana social en la medida en que produce hechos lo que aspira a interpretar. Los medios de comunicación son en definitiva la arena donde luchan los productores de hechos para influir en el público, mientras que los que controlan el medio sólo relativamente se interesan en esa pugna. La propiedad de los medios aspira básicamente a obtener beneficios económicos y los que operan en ellos profesionalmente a dar noticias interesantes (y acompañarlas de comentarios inteligentes). Los más interesados en influir en los medios no son ni los que los poseen ni los que trabajan en ellos».</p>
<p style="text-align: right; "><em>(Lorenzo GOMIS, en ‘Teoría del Periodismo. Cómo se forma el presente’).</em></p>
<p style="text-align: left; "><em><br />
</em> Por consiguiente ya está todo decidido y dispuesto para un viaje fascinante contracorriente, ¿me acompañan? No<br />
les prometo nada. Síganme, por favor.</p>
<p style="text-align: center; ">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<br />
‘Al principio era la palabra,<br />
y la palabra estaba en Dios’.<br />
(Evangelio de San Juan)<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p style="text-align: left; ">Vamos pues por este camino singular. Existe el principio, el ritual con el libro en las manos. Un momento<br />
esencial.<br />
“Me gustaría saber, se dijo, <strong>qué pasa </strong>realmente <strong>en un libro cuando está cerrado</strong>. Naturalmente dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles… Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo”.</p>
<p>Y de pronto sintió que el momento era casi solemne. Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por la primera página y comenzó a leer…</p>
<p style="text-align: right; "><em>(‘La historia interminable’, de Michael Ende).</em></p>
<p style="text-align: center; ">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<br />
Todos los caminos se inician con canciones de libertad<br />
en la naturaleza, con música, a la que se accede también<br />
a través de los libros. Las palabras de los cantautores se<br />
refugian en los libros y también nos acompañan:<br />
‘Por mucho que a algunos pese<br />
Los tiempos están cambiando,<br />
están cambiando los tiempos,<br />
agárrense que aquí vamos.<br />
Han sido tiempos sombríos<br />
y aún no son tiempos claros’.<br />
(‘Están cambiando los tiempos’,<br />
canción de Luis Pastor)<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p style="text-align: left; ">Miramos el horizonte y vemos las nubes, a la espera del agua, envueltos en la esperanza, hacia un paisaje que<br />
parece lejano y se descubre en el interior. Y sigo buscando canciones.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Tu y yo, muchacha, estamos hechos de nubes<br />
pero ¿quién nos ata?<br />
Dame la mano y vamos a sentarnos<br />
bajo cualquier estatua,<br />
que es tiempo de vivir y de soñar y de creer<br />
que tiene que llover<br />
a cántaros’.</p>
<p style="text-align: left; "><em>(‘A cántaros’, canción de Pablo Guerrero)</em></p>
<p style="text-align: left; "><strong> Todos los mundos posibles</strong> están encerrados <strong>en el espíritu de la ficción</strong>. He descubierto así el periodismo, la historia, la fotografía, la naturaleza, las matemáticas, el mar, la física, las palabras y sus significados, los paisajes, el teatro, el cine, la música, los personajes, la técnica, el mundo campesino, las montañas, las ciudades, los pueblos, la filosofía, el arte, la poesía,<br />
el universo. <strong>Los libros</strong> me hacen preguntas que inserto en mi mente. Y hago mías, muy personales, las miradas de los personajes con sus palabras.</p>
<p style="text-align: left; ">En estos momentos emerge la aventura de<strong> las utopías</strong> que se alimentan de <strong>las fantasías </strong>de los sueños. Siento la necesidad de nuevos encuentros con <strong>la fascinación</strong>, para reivindicar lo simple, lo que pasa desapercibido, cuando no despreciado.<br />
Y aquí comparece Don Quijote, haciendo justicia por los caminos:</p>
<p style="text-align: left; ">‘La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo’.</p>
<p style="text-align: right; ">(‘Don Quijote de la Mancha’, de Miguel de Cervantes)</p>
<p style="text-align: left; ">El mundo en que vivo, el paisaje que me identifica, me desconcierta cuando intento refugiarme en ese horizonte inalcanzable.</p>
<p style="text-align: left; ">Me encuentro aquí y ahora con las palabras de Joaquín Araújo (XXI: Siglo de la Ecología. Para una cultura de la hospitalidad):</p>
<p style="text-align: left; ">‘El respeto hacia el derredor, la conservación de la Naturaleza, la armonía como objetivo de la vida son ideas tan antiguas como la misma capacidad de formularlas. Si acaso hoy todo se multiplica y adquiere más necesidad por la poderosa fuerza acumulada en los bandos de la codicia. Tal vez este extravío de la condición humana que supone entregarse a lo producido nace de pensar que hay que llegar a alguna parte y de que el intento puede fracasar. El pensamiento ecológico es partidario de no llegar, de estar siempre en el camino y de alegrarse porque éste no tenga una meta’.</p>
<p style="text-align: left; ">Hay multitud de <strong>refugios en los libros, tantos como pensamientos e ideas</strong>. Y con los ojos cerrados, esos mundos emergen grandiosos, reales, desapercibidos para los que sólo tienen la mirada física y se niegan a mirar en el interior.</p>
<p style="text-align: left; ">Pienso en el tiempo presente, en cada instante, en el ahora, porque los libros a veces se reducen al momento en que las ideas forman imágenes que contemplo, que me observan. Y comenzamos a hablar para reivindicar la sensualidad del tiempo vivido.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Señor, en mi camino tendiste mil celadas.<br />
Después me amenazaste: ¡Ay de ti si no sabes<br />
rehuir estos peligros! Lo ves, lo sabes todo.<br />
¿Acaso reprocharme puedes mi rebeldía?’</p>
<p style="text-align: right; "><em>(‘Rubaíyat’, de Omar Kheyyam)</em></p>
<p style="text-align: left; ">Es importante la experiencia, la sabiduría del ancianoque aparece recogida en personajes anónimos, de los que se comprende su existencia por el espíritu colectivo, el sentido de pueblo, paridos por un paisaje rural. Ahí surgen libros rodeados de un halo enigmático. A veces el lector pospone un año tras otro su lectura, sin saber por qué. Pero es así. <strong>El libro </strong>permanece <strong>cerrado</strong>, aunque <strong>e</strong><strong>mana historias imaginarias</strong> para el lector dubitativo, que un día tras otro no deja de contemplarlo. Hasta que llega el momento en que se decide y el lector se sumerge en el interior de aquel libro misterioso con todo el respeto del mundo.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus mano en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte”. Entonces no pude hacer otra  cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas’.</p>
<p style="text-align: right; "><em> (‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo)</em></p>
<p style="text-align: left; ">El tiempo y los encuentros propician distintos mundos a los que pongo nombres. Confieso que me siento emergente en la ficción. Es lo más real que existe, lo que imagino y que se interpreta como inexistente. Sonrío ante los incrédulos.‘Mis sueños son siempre idénticos, las mismas visiones recurrentes de un modo invariable: estoy junto a la escalera de nuestra casa, delante de la puerta de cristal reforzado con alambres contra roturas y montado en marcos de metal. Afuera, en la calle, hay una ambulancia, las siluetas fluorescentes del personal de urgencias que vislumbro a través del vidrio cobran una dimensión sobrehumana, sus rostros hinchados parecen rodeados de un halo, como la luna. Giro la llave. Sigo luchando en vano’</p>
<p style="text-align: right; "><em>(‘La puerta’, de Magda Szabó)</em></p>
<p style="text-align: left; ">En estas circunstancias reaparece una memoria histórica de un tiempo desvelado, junto con la ironía y el sarcasmo.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Es inútil dar voces, Jacinto, convéncete, porque <strong>el mundo está sordo </strong>y ciego, Jacinto, <strong>nadie te escucha</strong>, ¿oyes? nadie desea enterarse de lo que ocurre aquí dentro, porque lo que no se conoce es como si no sucediera…’</p>
<p style="text-align: right; "><em> (‘Parábola del náufrago’, de Miguel Delibes)</em></p>
<p style="text-align: left; ">Las cosas son como las imaginamos. La fantasía, créanme, conduce inexorablemente a la realidad oculta, que pretende pasar desapercibida para salvarse.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo’.</p>
<p style="text-align: right;"><em> (‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez)</em></p>
<p style="text-align: left; ">Ahora aparecen nuestras pequeñas emociones, recuerdos, el sentido viajero hacia cualquier lugar que nos parezca lejano, siempre más allá del horizonte, cuando somos conscientes de que allí nunca llegaremos desde nuestra actual realidad cotidiana.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Desaparecieron en la penumbra. La noria se perdió de vista; en lugar de aproximarse, <strong>los sonidos de la feria y la música cesaron</strong> temporalmente. M. Laruelle volvió la vista hacia el poniente; caballero de antaño con raqueta de tenis por adarga y linterna de bolsillo por taleguilla, fantaseó por un momento en las batallas a las que había sobrevivido el alma para errar por allí’.</p>
<p style="text-align: right;"><em>(‘Bajo el volcán’, de Malcom Lowry)</em></p>
<p style="text-align: left; ">Hay libros que desvelan mundos de hombres con mujeres, entre las diferencias y desatinos. A veces en tiempo de silencio, a veces en tiempo anquilosado, condenado al futuro. Es una realidad que sigue vigente.</p>
<p style="text-align: left; ">‘Dos días después de la borrascosa escena que he con-<br />
tado, Angustias desempolvó sus maletas y se fue sin decirnos adónde ni cuándo pensaba volver.<br />
Sin embargo, aquel viaje no revistió el carácter de escapada silenciosa que daba Román a los suyos. Angustias revolvió la casa durante los dos días con sus  órdenes y sus gritos. Estaba nerviosa, se contradecía. A veces lloraba’.</p>
<p style="text-align: right;">(‘Nada’, de Carmen Laforet)</p>
<p><em>**Miguel Ángel Blanco Martín</em></p></blockquote>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-176" title="imagen-7" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-7.png" alt="imagen-7" width="282" height="172" /></p>
<p>En los libros, Miguel Ángel, está la memoria y está el futuro. Ha quedado escrito en distintos lugares de este blog. En los libros, tal como tú dices, Miguel Ángel, cuando citas a Michael Ende, Me gustaría saber, se dijo, qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles… Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.</p>
<p>Las páginas de los libros están llenas de personajes porque cada letra es un ser animado: alguien que forma parte de una fábula. Y las letras van y vienen, y se paran. Y suspiran, y piensan y se agachan y se estiran. Las letras se juntan para constituir los vocablos. Y dependiendo del orden que adopten tendrán uno u otro significado: “late”, “tela”; “cosa”, saco”; “come”, “meco”. Las palabras, asociadas de una forma u otra constituyen los significados con los que conformamos una historia o una idea. Las palabras son mágicas, pues, y hacen que los libros sean mágicos, pero ocurre, Miguel Ángel, que nuestra pequeña realidad cotidiana no nos deja ver el gran bosque de palabras y frases y versos y relatos que constituye todo lenguaje.</p>
<p>Tú hablas de libros. Otros hablan de lecturas en las que la aventura y la emoción parecen estar agazapadas entre las páginas. Pero acaso todos hablamos de lo mismo: del poder de la palabra, del gran misterio que encierran los libros, único santuario de la experiencia, de los deseos, de las emociones y de los sueños.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=175</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Leer, contar  y cantar</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=172</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=172#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 20:39:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[Antonio Carvajal]]></category>

		<category><![CDATA[lectura]]></category>

		<category><![CDATA[Leer contar y cantar]]></category>

		<category><![CDATA[palabras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=172</guid>
		<description><![CDATA[La palabra y el número, como el ser humano que las produce, tienen afanes de duración y de mudanza.
Bien lo supo aquel niño, nacido bajo el quitasol celeste de las horas, que aprendió el garbo de la cifras viéndolas pintadas en la luna llena del reloj y les fue poniendo nombre mientras sus dedos acumulaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>La palabra y el número, como el ser humano que las produce, tienen afanes de duración y de mudanza.<br />
Bien lo supo aquel niño, nacido bajo el quitasol celeste de las horas, que aprendió el garbo de la cifras viéndolas pintadas en la luna llena del reloj y les fue poniendo nombre mientras sus dedos acumulaban los sonidos de las campanas, o que, en las fachadas y sobre las puertas, señalaban casas, la de la abuela, las de las tías amables y los primos traviesos, la de la matrona, el cura, el practicante, el boticario… </p>
<p>Transportado de su apacible vega a otro pueblo desparramado por una ladera, aprendió que en la piedra gustan de campear las palabras para contar y cantar, además de para designar plazas y calles, <strong>palabras escritas</strong> de muy diversas maneras, aquí incisas, <strong>ahí pintadas con negruras </strong>y brillos de carbón,  <strong>allí goteadas de vidrio</strong> o verdecidas de bronce.  <span id="more-172"></span>Alguien, que supo y quiso, le enseñó qué es el número y qué el guarismo, qué los sonidos de la voz y qué las letras y cómo, en aquella placa donde se evocaba al médico poeta Luis Barahona de Soto, había signos que cifraban unas veces sonidos, otras el orden de los años, que V podía sonar uve o sólo u, o indicar todo lo que el cinco genera o sugerir la victoria. Y aprendió que escribir es encerrar en signos mudos los suspiros, las risas, los colores, las notas, y que leer era volver a darles presencia sensible, de modo que cuando la palabra y el número, íntimamente entrelazados, brotaban de sus ojos y sus labios y acordaban su vida interior con el pálpito del mundo, en ese acorde brotaba la poesía. Lo supo porque quien los conocía y quiso le dijo estos versos de Luis Barahona: </p>
<p>Sin tu presencia, Tirsa, el fresco viento<br />
 helado quema las fragantes yerbas,<br />
 y el rubio trigo que en el suelo echamos<br />
 perece en el momento.<br />
 Las uvas son acerbas<br />
 que de las tiernas vides desgajamos,<br />
 y en el lugar hallamos<br />
 de trigo, avena, y de cebada blanca,<br />
 vallico inútil, y del lino, grama,<br />
       y de lechuga dulce, amargo cardo. </p>
<p>Y echó de menos su pueblo, su casa y los campos que<br />
su padre labraba con primor.<br />
<em>**Antonio Carvajal</em></p></blockquote>
<p>Dices, Antonio, que escribir es encerrar en signos mudos los suspiros, las risas, los colores, las notas, y que leer es volver a darles presencia sensible. Y sostienes, tú que eres maestro de versos, de métricas y de rimas, que la palabra y el número, como el ser humano que las produce, tienen afanes de duración y de mudanza. Por eso, quizá, el escritor aspira a abarcar el mundo entre sus páginas.<br />
Y el lector a descifrar los tonos y los matices que en su imaginación ideó el poeta.<br />
La palabra, el libro, contienen todos los mundos, todos los universos posibles. Únicamente es preciso darlespresencia sensible. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=172</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Fotosía</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=164</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=164#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 20:32:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[arte]]></category>

		<category><![CDATA[composición]]></category>

		<category><![CDATA[Daniel Dicenta]]></category>

		<category><![CDATA[fotografía]]></category>

		<category><![CDATA[Fotosía]]></category>

		<category><![CDATA[Nuria Herrera]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=164</guid>
		<description><![CDATA[

Los versos, en el escenario de un Teatro, no ilustran las imágenes, ni éstas ilustran los versos. Se diría que unos y otras forman parte del mismo discurso estético, pero también cuentan la misma historia.
Acaso se trata de que la palabra no sea complemento de nada, sino parte de un todo. Y las imágenes hagan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_165" class="wp-caption alignnone" style="width: 350px"><img class="size-full wp-image-165 " title="Fotosía" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-33.png" alt="**Nuria Herrera y Daniel Dicenta" width="340" height="466" /><p class="wp-caption-text">**Nuria Herrera y Daniel Dicenta</p></div><br />
<span id="more-164"></span><br />
<div id="attachment_166" class="wp-caption alignnone" style="width: 329px"><img class="size-full wp-image-166 " title="Fotosía" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-42.png" alt="**Nuria Herrera y Daniel Dicenta" width="319" height="451" /><p class="wp-caption-text">**Nuria Herrera y Daniel Dicenta</p></div>
<div id="attachment_167" class="wp-caption alignnone" style="width: 339px"><img class="size-full wp-image-167 " title="Fotosía" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-52.png" alt="**Nuria Herrera y Daniel Dicenta" width="329" height="407" /><p class="wp-caption-text">**Nuria Herrera y Daniel Dicenta</p></div>
<p style="text-align: left; ">
<p>Los versos, en el escenario de un Teatro, no ilustran las imágenes, ni éstas ilustran los versos. Se diría que unos y otras forman parte del mismo discurso estético, pero también cuentan la misma historia.<br />
Acaso se trata de que la palabra no sea complemento de nada, sino parte de un todo. Y las imágenes hagan lo propio, tengan su vida<br />
independiente de los versos.<br />
Como dos amantes.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=164</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Tú me pides Laura</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=159</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=159#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2009 20:26:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[amor]]></category>

		<category><![CDATA[besos]]></category>

		<category><![CDATA[blog]]></category>

		<category><![CDATA[festival]]></category>

		<category><![CDATA[Nuria Herrera]]></category>

		<category><![CDATA[poesía]]></category>

		<category><![CDATA[primavera]]></category>

		<category><![CDATA[puchero]]></category>

		<category><![CDATA[Tú me pides Laura]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=159</guid>
		<description><![CDATA[Tú me pides Laura
algo para tu blog
y a mí me parece
que me llena tanto vacío
que no puedo ocupar el más mínimo espacio.
La primavera
te  ha traído, a ti , Laura,
un festival comunal digno de las mejores marcas,
pero a mí
la  batalla del fin de mundo:
tengo condena de soledad
por haberme hecho libre
un corazón roto
que
ya ha perdido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Tú me pides Laura<br />
algo para tu blog<br />
y a mí me parece<br />
que me llena tanto vacío<br />
que no puedo ocupar el más mínimo espacio.<br />
La primavera<br />
te  ha traído, a ti , Laura,<br />
un festival comunal digno de las mejores marcas,<br />
pero a mí<br />
la  batalla del fin de mundo:<br />
tengo condena de soledad<br />
por haberme hecho libre<br />
un corazón roto<br />
que<br />
ya ha perdido demasiados trozos.<br />
Tú sabes cómo soy yo,<br />
Laura,<br />
que vivo para la intensidad<br />
que mi alegría es extática<br />
y que no quiero mentir,<br />
esa es la verdad.<br />
¿Cómo darte el nombre<br />
de las flores que voy  inventando<br />
estando tan tempranas<br />
y no teniendo yo<br />
ninguna letra  en la garganta?<span id="more-159"></span><br />
¿Cómo ofrecerte un universo<br />
si estoy desterrada<br />
al descanso del guerrero?<br />
Pero voy contigo Laura<br />
adonde tú vayas.<br />
Yo voy de mí a ti<br />
inocente<br />
y con amor  puro, sin ingredientes en el puchero<br />
só  quédame facer un conxuro.<br />
Todo lo que tengo para darte<br />
es nada.<br />
Pero te lo mando con siete besos. <em>**Nuria Herrera</em></p></blockquote>
<p>Me han colmado tus versos, Nuria, y han llenado esta ventana del blog, como la luz que se cuela por la ventana poco a poco, al alba.</p>
<p>Quién sabría decir si en tu alma de poeta hay una actriz, o en tu vocación de actriz hay una voz poética que vindica sus valores nuevos de mujer del siglo XXI. Pero yo sé, Nuria, que poeta y actriz son una en el escenario, y en ellas dos, poeta y actriz, se alza el espíritu sensible que solo albergan aquellos que, como dices, viven para<br />
la intensidad de los minutos y las horas. De los días sería mucho decir.<br />
<img class="alignnone size-full wp-image-160" title="imagen-23" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-23.png" alt="imagen-23" width="308" height="230" /></p>
<p>Me quedo, pues Nuria, con las flores que has inventado estando tan tempranas y no teniendo tú ninguna letra en la garganta. Me quedo, Nuria, con ese universo en el que estás desterrada, Y, como tú, voy de mí a ti para hablarte en esta ventana por la que me envías siete besos y tus versos de la batalla del fin del mundo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=159</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Una cuartilla en un libro</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=155</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=155#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2009 22:24:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[Álvaro Guzmán]]></category>

		<category><![CDATA[biblioteca]]></category>

		<category><![CDATA[cuartilla]]></category>

		<category><![CDATA[libro]]></category>

		<category><![CDATA[tesoros]]></category>

		<category><![CDATA[Una cuartilla en un libro]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=155</guid>
		<description><![CDATA[Te leo, Laura, en tu blog.
No me conoces. Me llamo Álvaro.
He seguido tu bitácora desde que la comenzaste. He leído los textos de tus amigos, y en muchas ocasiones he
estado tentado de escribirte, de participar espontáneamente en tu blog, como lo hago ahora, pues este cuaderno tuyo de internet me recuerda la costumbre que mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Te leo, Laura, en tu blog.<br />
No me conoces. Me llamo Álvaro.</p>
<p>He seguido tu bitácora desde que la comenzaste. He leído los textos de tus amigos, y en muchas ocasiones he<br />
estado tentado de escribirte, de participar espontáneamente en tu blog, como lo hago ahora, pues este cuaderno tuyo de internet me recuerda la costumbre que mi padre tenía de “responder” a cada libro, a cada lectura, cada vez que leía un libro en su biblioteca.</p>
<p>Verás: él tenía el hábito de escribir un comentario de todos los libros que le gustaban, o que no le gustaban. Por eso, de casi todos los volúmenes que llenaban los anaqueles de los estantes de su inmensa biblioteca sobresa lía <strong>una cuartilla</strong> en la que podía leerse la opinión, o las notas, que él había escrito sobre aquellos volúmenes; ya fueran de ficción, <strong>de historia</strong>, de ensayo, <strong> o de poesía</strong>. Así, resultaba curioso el hecho de que de casi todos los libros sobresalía una hoja manuscrita, como si él interviniera, de esa forma, en las tramas, en los géneros y en los estilos que poblaban su biblioteca de historias, leyendas y versos.<span id="more-155"></span></p>
<p>Era su contribución a la obra literaria de los demás.<br />
Pero era, también, una manera de fijar y ordenar su memoria, de dejar constancia, para él mismo y para los demás, de lo que había leído y de lo que cada obra le había sugerido.</p>
<p>“En algunos casos  —decía—  lo que yo trazo en las cuartillas no son sino <strong>pequeños mapas de cada libro</strong>; mapas para moverme por ellos cada vez que vuelvo a abrir sus páginas. Cada libro es como una ciudad, con sus calles, sus avenidas, sus parques, sus monumentos y sus gentes. Y a mí me gusta dibujar un recorrido, establecer mis itinerarios preferidos, destacar lo que más me ha enriquecido en cada volumen”. Otras veces, sin embargo, apenas escribíaunas líneas, un párrafo en el que sencillamente daba su opinión general sobre la obra. Para bien o para mal.<br />
<img class="alignnone size-full wp-image-156" title="imagen-15" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-15.png" alt="imagen-15" width="309" height="267" /><br />
En cualquier caso, a mí me resultaba muy esclarecedor, en general, el comentario que mi padre hacía acerca de cada uno de los libros que él poseía como un tesoro en su gran biblioteca. Tanto es así que durante años recurrí siempre a sus estantes para buscar allí la cuartilla de cualquier libro que me interesaba. Y me resultaba frustrante, cuando no lo hallaba, el hecho de no encontrar entre aquellos anaqueles el título que buscaba.</p>
<p>Ahora, muchos años después de aquel tiempo de mi adolescencia, me ocurre a menudo que, cuando en cualquier librería hojeo las novedades de las editoriales, aún con olor a tinta, <strong>busco</strong> mecánicamente, <strong>entre las páginas</strong> de cualquier libro, <strong>esa cuartilla</strong> manuscrita que me ayude a descifrar no sólo el contenido, sino algunas de las sensaciones que alguien descubrió al leerlo antes que yo.</p>
<p>Y acaso espero, en mi subconsciente, que eso vuelva a ocurrir. Espero encontrarme en cada libro que abro una cuartilla manuscrita, aunque sé que eso ya no volverá a suceder. Desde hace mucho, las ciudades las descubro por mí mismo, perdiéndome en ellas, transitándolas, explorándolas, escudriñándolas, hallándolas. **<em>Álvaro Guzmán</em></p></blockquote>
<p>Gracias, Álvaro, por tu contribución espontánea a este blog. Me ha gustado mucho lo que nos relatas de la librería de tu padre y de su afición a escribir una cuartilla sobre cada libro.<br />
En realidad, mucha gente tiene la costumbre de subrayar, de escribir incluso sus notas en las páginas de los libros según los va leyendo. Pero es cierto que la cuartilla de la que tú nos das cuenta tiene muchas ventajas. Y es que así uno puede consignar su opinión sobre la totalidad de la obra, y destacar aquellos aspectos que le hayan parecido más interesantes, o menos atractivos.<br />
La cuartilla bien podía suplir la buena costumbre que antes existía en todos los periódicos que se preciaban de serlo, que no era otra que la práctica común de la crítica literaria en los medios de comunicación. No en vano, los lectores nos guiábamos de esos comentarios que buscábamos en los periódicos justo en el momento en que cada libro salía al marcado.<br />
Poco a poco, la crítica literaria en particular, y la crítica en general, van desapareciendo en los periódicos, en favor de grandes espacios dedicados a lo que se ha dado en llamar “prensa del corazón”. En este punto confieso que nunca he sabido si el hecho de que cada vez se publiquen más “informaciones” de esas de “prensa del corazón” se debe a que la gente las demanda cada vez más; o, por el contrario, la gente las demanda cada vez más porque cada día es más prolijo el espacio que los medios de comunicación les dedican.<br />
Pero en todo caso es una pescadilla que se muerde la cola.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=155</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>La amante veneciana de Gutenberg</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=152</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=152#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 21:54:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[amante]]></category>

		<category><![CDATA[Callisto Liciano]]></category>

		<category><![CDATA[Francisco de Paula Martínez Vela]]></category>

		<category><![CDATA[Gutenberg]]></category>

		<category><![CDATA[La amante veneciana de Guternberg]]></category>

		<category><![CDATA[Lauretta]]></category>

		<category><![CDATA[veneciana]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=152</guid>
		<description><![CDATA[Hoy te quiero contar la historia de una mujer italiana que se llamaba como tú. Unos dicen que es leyenda, otros directamente que mentira, pero te puedo asegurar que si no es por ella, lo mismo hoy seguíamos haciendo los libros, uno a uno, escribiéndolos a mano.
Su nombre era Lauretta, que en Italia es como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hoy te quiero contar la historia de una mujer italiana que se llamaba como tú. Unos dicen que es leyenda, otros directamente que mentira, pero te puedo asegurar que si no es por ella, lo mismo hoy seguíamos haciendo los libros, uno a uno, escribiéndolos a mano.</p>
<p>Su nombre era <strong>Lauretta</strong>, que en Italia <strong>es como te llamarías tú, querida Laura,</strong> y hacia 1430 era la amante en la ciudad de Estrasburgo de Johannes Gutenberg, un alemán al que todos tienen por el iniciador de la imprenta, ese arte con el que durante 500 años se han hecho muchos, pero que muchos libros como éste.</p>
<p>Como te digo, esta Lauretta, además de caricias, besos y, sobre todo, comprensión, le hizo entrega a su amante<br />
de una cosa que terminó cambiando el curso de la historia. Cuando más atascado estaba en sus primeras investigaciones sobre un mecanismo para hacer libros como los que hacían los escribas, pero de otra forma, y andaba cogiendo ideas de aquí y de allí para poner en práctica lo que su imaginación cocía, Lauretta, a la vuelta de un viaje a casa de su madre, le trajo <strong>un cajoncito de madera</strong> lleno de unos cuadraditos de metal, estos tenían en uno de sus extremos grabados unos dibujos incomprensibles para ellos, pero <strong>que dejó a Gutenberg</strong> ensimismado y a partir de ese momento ya no estuvo ni para nadie, ni para nada, durante la primavera y buena parte de aquel verano. Bueno, para Lauretta sí, quien sin saberlo le había dado a nuestro inventor la clave para hacer prosperar su idea.<span id="more-152"></span></p>
<p>Y te preguntarás ¿Dónde había conseguido Lauretta este cajoncito con letras chinas de imprenta hechas de metal? Pues verás, además de la historia de Gutenberg, todos conocemos las increíbles peripecias de Marco Polomadera en China gracias a que las dejó recogidas en su “Libro de las Maravillas”, lo que casi nadie sabe es que además de<br />
con su padre y su tío, Marco contó con la ayuda de una docena de sirvientes, y mira tú por dónde, entre ellos se<br />
encontraba <strong>el abuelo de la amante </strong>de nuestro impresor, <strong>Callisto Liciano</strong>, él fue uno de los venecianos que en 1275 pudo ver con sus propios ojos la corte del Gran Khan. La corte no, más bien la calle. Como sirviente que era pudo conocer unos lugares y unos oficios a los que su señor ni se acercó, ni le interesaron y que, por supuesto, nunca aparecieron recogidos entre las maravillas descritas en su libro.</p>
<p>En el verano de 1282, Genghis Khan les encomendó a los Polo una delicada embajada a los reinos del norte, a la<br />
ciudad de Song-do, capital de lo que había sido el reino de Goryeo. <strong>Allí Callisto</strong>, paseando entre sus callejuelas,<br />
<strong> descubrió</strong> un lugar donde unos artesanos se afanaban fundiendo <strong>pequeños bloquecitos de metal </strong>que él tomó por algún tipo de adorno para las espadas. Ante la curiosidad mostrada por la comitiva de extranjeros, aquellas gentes le entregaron a cada uno de ellos un cajoncito con tipos que acababan de fundir.</p>
<p>Es curioso, querida Laura, que doscientos años antes de que a Gutenberg se le ocurriera la brillante idea de fundir letras en metal, el abuelo de su amante recibiera un regalo que él tomó como una guarnición para las espadas  y que como tal se trajo de vuelta de su viaje y lo mejor de todo, lo conservó en su casa como algo muy especial sin saber realmente para qué servía, hasta que Lauretta viendo que se parecían mucho a las piececitas de madera que su amante manoseaba continuamente en su taller pensó, que a lo mejor a él le podían servir. **<em>Francisco de Paula Martínez Vela</em></p></blockquote>
<p>A Gutenberg lo cautivó Lauretta. Y yo, Francisco, me he dejado llevar por tu relato, imaginando al amante alemán a quien la historia ha otorgado el privilegio de ser el inventor de la imprenta. Allí, en Estrasburgo, junto al Rhin, Johannes Gutenberg cambió el curso de la historia de Occidente, aunque mucho antes, en China, la imprenta, como dices, fuera ya una realidad.</p>
<p>Así como en “El libro de las maravillas del mundo” Marco Polo describe lo que descubrió en sus viajes, cada historia, y acaso cada libro, podrían encerrar un misterio jamás desvelado. Ahora, en este blog, tú has revelado el gran secreto de Lauretta y Gutemberg; el gran secreto por el que cambió el curso de la historia. Y el comienzo de una nueva era, pues con Gutenberg, a partir de 1500, los libros comenzaron a imprimirse en Europa, donde los textos repetidos afanosamente por copistas, dieron paso al papel impreso con tinta. Era el comienzo de una nueva era.<br />
Ahora tus palabras están colgadas en mi blog.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-153" title="imagen-61" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-61.png" alt="imagen-61" width="350" height="503" /></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=152</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Lugar de lectura</title>
		<link>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=148</link>
		<comments>http://www.editorialtleo.com/blog/?p=148#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 21:32:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Tleo Laura en tu blog]]></category>

		<category><![CDATA[Antonio Arabesco]]></category>

		<category><![CDATA[biblioteca]]></category>

		<category><![CDATA[fotografía]]></category>

		<category><![CDATA[lectura]]></category>

		<category><![CDATA[libros]]></category>

		<category><![CDATA[lugar de lectura]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialtleo.com/blog/?p=148</guid>
		<description><![CDATA[Hay un equilibrio en los ocres y en la luz. Hay, Arabesco, un silencio entre las páginas de ese libro ilustrado que forma parte consustancial del escritorio, de los estantes y de los demás libros que se ven debidamente desordenados. Y hay, Arabesco, armonía en los tonos, en la geometría y en los espacios. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_149" class="wp-caption alignnone" style="width: 360px"><img class="size-full wp-image-149" title="Lugar de lectura" src="http://www.editorialtleo.com/blog/wp-content/uploads//imagen-51.png" alt="Lugar de lectura, Antonio Arabesco" width="350" height="462" /><p class="wp-caption-text">**Antonio Arabesco</p></div>
<p>Hay un equilibrio en los ocres y en la luz. Hay, Arabesco, un silencio entre las páginas de ese libro ilustrado que forma parte consustancial del escritorio, de los estantes y de los demás libros que se ven debidamente desordenados. Y hay, Arabesco, armonía en los tonos, en la geometría y en los espacios. El mundo del libro ha sido abarcado, se diría, en esa fotografía que ha captado tu cámara. Y en ese universo se resume, acaso, toda la memoria y la palabra de que somos capaces los humanos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.editorialtleo.com/blog/?feed=rss2&amp;p=148</wfw:commentRss>
		</item>
	</channel>
</rss>
